Ese país llamado flamenco.

En ese país llamado flamenco viven muchos ciudadanos. Ciudadanos que no residen en el mismo territorio, que no hablan el mismo idioma y que no tienen pasaporte…o quizás sea todo lo contrario. Quizás el idioma compartido es el propio flamenco, quizás el pasaporte no es de papel sino de corazón, y quizás su bandera es el cante.

Acaba de finalizar el festival de Jerez y como cada año, suele ser un día de balance. Han sido muchos días, muchas emociones, muchos recuerdos, y como si se tratara de un 31 de diciembre, no puedo evitar recopilar todo lo vivido, quizás para que nada se olvide. Quizás para acordarme de lo que más me ha impactado.

Empecé el festival más o menos como lo he acabado. Sentada en un concurso de baile, viendo como personas de diferentes orígenes y culturas, bailan. Y bailan flamenco.

El primer contacto fue durante las clasificatorias y la final del Concurso internacional de baile de Turín Flamenco Puro que este año se ha celebrado en Jerez y que empezó unos días antes de la inauguración oficial del Festival. Sentada entre el público, me emocione varias veces por la calidad de los concursantes, por su técnica pero también por su pellizco, su concepto y su flamenco. Me emocionaron muchos bailes. Algunas de las soleàs y seguiriyas que vi, consiguieron emocionarme hasta ese momento en el que notas lágrimas en los ojos. Ese momento en el que sientes que un baile no es solo un baile. Un baile es mucho más.

Era un concurso internacional, y muchos de los concursantes que me emocionaron no eran de Jerez. De hecho ni tan solo de España. La mayoría eran de países tan lejanos y diversos como Brasil, Chile, China, y México. Y me vino una reflexión a la mente: que existe un país llamado Flamenco.

Es un país sin fronteras, sin pasaporte, sin idioma oficial, sin banderas, y sin una tierra propia. Quizás hace muchos años tuvo tierra, y esa tierra era Andalucía. Pero ya no lo es. Ese territorio original y sus ciudadanos abrieron sus fronteras. Tanto las abrieron que el flamenco ya no es de aquí. Su origen lo fue, pero ya no vive únicamente aquí. En ese país llamado flamenco viven muchos ciudadanos. Ciudadanos que no residen en el mismo territorio, que no hablan el mismo idioma y que no tienen pasaporte…o quizás sea todo lo contrario. Quizás el idioma compartido es el propio flamenco, quizás el pasaporte no es de papel sino de corazón, y quizás su bandera es el cante.

Acabé el Festival más o menos como lo empecé. También viendo un concurso de baile. Esta vez sentada en el jurado. Esta vez teniendo que decidir que concursante está más cercano a ese momento en el que sabes que eso es flamenco. Ser jurado ha sido un momento complicado pero también ha sido muy emotivo.

El viernes pasado fue la final del concurso de baile del Tabanco La Cruz Vieja. 5 finalistas se dejaron la piel y mostraron su alma al baile. Antes de empezar la final me acordé de todos los concursantes que no llegaron a la final. Bailaoras y bailaores de Jerez, de Cádiz, de Barcelona, de Madrid, de Francia, de China, de México, de Brasil, de Argentina, de Suiza, entre otros países, que trabajaron duro para mostrar su «pasaporte». No todos pudieron pasar a la final, pero para mí, todos viven en ese país llamado flamenco.

La final del viernes me recordó lo mismo que viví 15 días antes. Muchas emociones y lágrimas imposibles de controlar al ver como los valientes de ese país llamado flamenco desnudan su alma al bailar. Y pienso que quizás esa es la característica de ese pasaporte flamenco. Un visado que consigue el que sabe emocionar con su baile y su cante, y no solo porque tiene una gran técnica, sino porque cuando canta o baila desnuda su alma. Se abre sin paredes. Y eso es lo que sentimos el jurado y el público el viernes pasado: las almas abiertas y desnudas que no esconden nada, y que bailan desde la verdad.

Este viernes pasado pudimos vivir lo que es el flamenco, o parafraseando a un amigo muy sabio, pudimos ver “Cuando es flamenco”. Me lo transmitió alguien que acababa de llegar al Festival desde Brasil y que sin saberlo creo que dio una gran definición al decir “No sé qué me ha pasado, pero al verlo, he sentido cosas extrañas. Ganas de reir, ganas de llorar, escalofríos y todas estas emociones juntas y sin saber muy bien porque”. Gran definición de cuando es y cuando no es flamenco ¿No os parece?

Sé que muchos al leer esto, pensarán que no es así. Que el flamenco de verdad es el que bailan, cantan y tocan “los de aquí”. A todos los que pensáis así os emplazo al próximo concurso internacional y al del Tabanco el año que viene. Sentaros en esa silla, y abrid las fronteras de vuestras creencias. Porque si esas personas bailan y sienten así es gracias a vosotros, los originarios de esta tierra. Gracias a cientos de artistas, de esta tierra original, que invierten su esfuerzo y que con la más grande generosidad, comparten esta sabiduría con todos los nuevos llegados a este país. Gracias a artistas y maestros, que viajan por este mundo, y que acogen a los que vienen aquí, enseñando, compartiendo y guiando. Agregando nuevos ciudadanos al país llamado flamenco, desde el amor y desde la verdad. Este país es grande, enorme, emociona y hace llorar, y es gracias a todos y cada uno de los ciudadanos flamencos de aquí que han sabido compartir, dar y hacer respetar esta bandera.

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One Reply to “Ese país llamado flamenco.”

  1. El flamenco como música de raíz que es, nos muestra la verdad y a cada persona nos da lo nuestro. Y como bien dices, todos somos habitantes del mismo mundo, todos somos personas por lo que toda persona, independientemente del lugar de donde proceda, pertenecerá si abre su alma a este mundo llamadado Flamenco.
    Me encanta tu opinión Lola y la comparto totalmente, un saludo y gracias por tus palabras y por estar ahí.

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